Cuando la emoción sube, la inteligencia baja
Si reaccionas, dejas de pensar bien
7/2/20262 min read
No quiero que el título de este artículo te haga pensar que tu coeficiente intelectual disminuye cuando las emociones se apoderan de ti, porque no es así. Lo que quiero decir es que, cuando experimentamos picos emocionales, no solemos tomar decisiones muy inteligentes que digamos.
No te voy a aburrir con tecnicismos, pero sí quiero que sepas que, cuando dejamos que nuestras emociones nos gobiernen, nuestra capacidad de análisis y razonamiento se ve gravemente afectada.
Es como si el cerebro tuviera dos modos: alarma y análisis. Cuando la alarma suena fuerte, el análisis queda en segundo plano. Es simplemente una reacción biológica diseñada para protegernos.
Algunos ejemplos comunes son:
• Una discusión de pareja en la que se dicen cosas que luego se lamentan.
• Un mensaje o correo impulsivo enviado en el trabajo.
• Una compra hecha por ansiedad o enojo.
• Un adolescente reaccionando con explosividad ante una crítica.
Son escenarios familiares para muchos de nosotros. Activan la alarma del cerebro y, como resultado, nos ponemos a la defensiva, gritamos, insultamos o hacemos cosas impulsivas que no han pasado por el filtro de la lógica y el sentido común. Básicamente, nos saltamos un paso fundamental: pensar antes de actuar.
Obviamente, en la vida ocurren situaciones que no podemos prever y que activan respuestas automáticas en nosotros. Pero, como parte de nuestra inteligencia emocional y relacional, deberíamos aprender a identificar rápidamente las señales y activar un plan de contingencia.
Estas señales suelen incluir: corazón acelerado, tensión muscular, respiración corta, pensamientos extremos ("siempre", "nunca") y una urgencia intensa por responder de inmediato.
Aquí la tarea no es apagar las emociones, sino aprender a no obedecerlas automáticamente. Porque, cuando lo hacemos, la mente se estrecha: vemos menos opciones, interpretamos peor las situaciones y reaccionamos más rápido.
La solución es aprender a regularnos emocionalmente antes de que sea demasiado tarde. Porque, en algún momento, la emoción baja. No dura para siempre. Pero sus efectos sí pueden ser devastadores.
Cuando el cuerpo se regula, vuelve el acceso a la reflexión y aparecen el arrepentimiento y la claridad. Después del huracán, llegan los lamentos y los cuestionamientos: "¿Por qué dije eso?", "No debí haber dicho eso".
Así que haz una pausa, respira profundamente varias veces y espera a que tus emociones se regulen antes de tomar decisiones importantes.
Regúlate primero, actúa después. De esa manera, podrás integrar la emoción con la razón.
Liliana Henríquez
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