Cuando la productividad se vuelve tu identidad

La dependencia al trabajo

12/18/20252 min read

A woman appears stressed while working on laptop.
A woman appears stressed while working on laptop.

Hoy quiero hablarles a quienes sienten que si no trabajan, se mueren. A los que se definen solo por su profesión y por lo que logran en el trabajo. A quienes pueden pasar 12 o 15 horas frente al computador y se sienten halagados cuando alguien los llama “productivos”.
A ellos… o a nosotros.

Todos hemos vivido temporadas donde el trabajo se acumula y toca dedicarle más tiempo del normal. Eso es parte de la vida adulta. El problema aparece cuando esas temporadas dejan de ser eso—temporadas—y se convierten en un estilo de vida. Es ahí cuando empezamos a notar los efectos negativos.

Como bien dice el dicho: el detalle está en la dosis.
Mucho de algo se vuelve contraproducente… incluso el amor, cuando se desborda, se convierte en sobreprotección y termina dañando al otro.

El trabajo es importante. Nos ayuda a crecer, a desarrollar habilidades y a poner en práctica nuestros dones. Pero no es la única área de nuestra vida, ni debería ser la única que sostiene nuestra estabilidad emocional.

¿Por qué algunas personas caen en la dependencia al trabajo?

Hay muchas razones, pero aquí te comparto algunas muy comunes:

  • El trabajo se convierte en su principal fuente de satisfacción personal.
    Y cuando algo pasa en esa área —un conflicto, un mal día, un error— la autoestima se desploma.

  • El ambiente laboral despierta comparación y autoexigencia.
    Para destacar, la persona se esfuerza el doble, pero ese “extra” se paga con tiempo personal, descanso y relaciones.

  • La validación constante se vuelve adictiva.
    Los halagos, los correos de agradecimiento, el “te necesitamos”… Todo eso alimenta al monstruo de la complacencia.

  • La falta de límites.
    Decir “sí” a todo lo que nos piden, incluso cuando está fuera de nuestras funciones, termina siendo una forma de desgaste emocional.

Cuando nuestro bienestar depende de una sola área de la vida, quedamos vulnerables.
¿Qué pasa si nos despiden?
¿Qué pasa si el negocio entra en temporada baja?
¿Qué pasa si, por razones de salud, debemos parar?

Nos quedamos sin piso.

La salud mental también depende del balance

Así como la salud física requiere diferentes factores —alimentación, movimiento, descanso— la salud mental nace del equilibrio entre todas las áreas: lo familiar, lo emocional, lo espiritual, la recreación, las amistades, el descanso… y sí, también el trabajo.

Todo está conectado.

Si te identificas como un “workaholic”…

Toma consciencia. Observa cuánto de tu identidad está puesta en lo laboral.
Empieza, poco a poco, a prestarle atención a los demás aspectos de tu vida.

Y aquí está lo paradójico:
Cuando encuentras un balance genuino, lo laboral no empeora… mejora. Porque tú mejoras.

Un área impacta a la otra.

Busca tu balance.
Te mereces una vida donde no tengas que demostrar constantemente tu valor.

Liliana Henríquez