Cuando tu pasado es tu único trofeo, no avanzas

El ayer que se volvió una jaula

3/19/20262 min read

several silver and gold trophies on wooden surface
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Recuerdo a un señor que alguna vez conocí. Tenía unos 70 años y cada vez que nos veíamos, siempre hablaba de una gran empresa que había tenido a sus 30. Me la contaba con la misma emoción y orgullo como si todo hubiera ocurrido ayer. Ese era, al parecer, su mayor logro en la vida.

Habían pasado ya 40 años desde aquel gran éxito, y seguía siendo su único tema de conversación.

Creo que esto le pasa a algunas personas cuando llegan a la llamada “edad dorada”. Comienzan a hablar más de sus éxitos pasados que de sus planes futuros. Como si se les hubieran acabado los sueños. Pero no es algo que ocurra solo en esa etapa de la vida. También les pasa a personas más jóvenes que, sin darse cuenta, definieron su identidad a partir de un gran “hit”: cuando se graduaron con honores en la universidad, cuando viajaron al lugar de sus sueños, cuando lograron una meta profesional importante, cuando vivieron una relación significativa o alcanzaron una versión “exitosa” de sí mismos.

Ese logro, esa relación, esa temporada, termina convirtiéndose en la única prueba de valor personal. En el estándar con el que se mide todo el presente.

Y quiero hacer un paréntesis aquí. No digo que no debamos hablar de nuestros logros. Claro que forman parte de nuestra historia y está bien celebrarlos. Lo que no es sano es hablar únicamente de esa etapa de la vida, menospreciando o restándole valor a la que estamos viviendo hoy. A eso es a lo que me refiero.

El problema no es recordar… es vivir mirando el retrovisor.

Con el paso del tiempo necesitamos aprender a colocar el pasado en su lugar, porque si no lo hacemos, terminará afectando varias áreas de nuestra vida: la forma en que tomamos decisiones, nuestra autoestima y nuestras relaciones.

Decisiones
Creer que no tendremos otra “época gloriosa” nos llena de miedo. Dejamos de intentar cosas nuevas porque pensamos: “no será como antes”.

Autoestima
Empezamos a creer que nuestra mejor versión ya quedó atrás. Nos sentimos menos valiosos, menos capaces, como si ya no tuviéramos nada nuevo que ofrecer.

Relaciones
Comparamos a las personas del presente con las del pasado y, casi sin notarlo, terminamos diciendo: “las de antes eran mejores”.

Vivir anclados al pasado suele ser el reflejo de un tema emocional no resuelto. Por eso hoy quiero proponerte un cambio de enfoque: ¿qué tal si aprendemos a ver el pasado no como un trofeo, sino como una raíz?

Somos el resultado de nuestras experiencias previas. Nuestros éxitos pasados pueden ser valorados como esas raíces que nos dieron herramientas, carácter y habilidades para llegar más lejos, no como el único lugar donde fuimos valiosos.

No se trata de “superar” el pasado, sino de darle un lugar sano en nuestra biografía.
Honrarlo sin quedarnos a vivir en él.

Liliana Henríquez