El monstruo invisible que te detiene

Ésta podría ser la razón de tu estancamiento

12/4/20252 min read

a red stop sign sitting on the side of a road
a red stop sign sitting on the side of a road

¿Cuántas veces hemos escuchado (o dicho) esa frase: “¿Cuándo vas a dejar de repetir la misma historia?” Como si uno estuviera en la casa del terror por gusto. Y aunque sabemos que no queremos seguir allí, hay un “no sé qué” que nos retiene. A veces lo sentimos como un monstruo interno… pero no es un monstruo: son patrones.

Patrones que repetimos tanto, que terminamos siendo leales a ellos sin darnos cuenta. Eso son las lealtades inconscientes: formas de pensar, reaccionar o vivir que seguimos por fidelidad a creencias o identidades del pasado. Y como las hemos practicado durante años, caemos en la trampa de creer que “así soy yo”, pero en realidad es que “eso fue lo que aprendí”.

Es igual que hablar español: no lo razonaste, simplemente lo aprendiste porque lo viste todos los días. El asunto se complica cuando lo aprendido juega en tu contra y tú ni siquiera sabes que está allí, escondido en lo más profundo.

Y aunque identificar los patrones puede ser difícil, tus resultados hablan. Ahí se ven tus lealtades.
Si como mujer cargas con demasiado y sientes que llevar tanto peso “te corresponde”, quizá estás siendo fiel a la idea familiar de que “las mujeres de esta casa aguantan todo”.
Si trabajas duro, ganas bien, pero el dinero no te dura ni una quincena, tal vez hay una creencia heredada que dice: “El éxito es para otros, nosotros somos humildes”, y sin darte cuenta te saboteas.

Cuando te das cuenta, lo que aparece es una verdad incómoda: crecer puede sentirse como una traición.
Traición a tu familia.
A tu cultura.
A lo que siempre escuchaste en casa.
Incluso a tu yo de antes.

Y como los seres humanos necesitamos profundamente pertenecer, hacemos todo lo posible por no romper esas expectativas silenciosas. A veces, incluso cuando nos hacen daño.

Lo veo mucho en personas inmigrantes que se sienten culpables por avanzar más que quienes se quedaron en su país de origen. Por eso, evitan hablar de sus logros para no “romper” el vínculo. Eso es lealtad.

Estas lealtades se manifiestan en pequeños gestos que pesan mucho: la culpa por hacer algo distinto, el autosabotaje cuando las cosas empiezan a mejorar, la sensación de que avanzar “no te toca”, o ese discurso interno que insiste en que “así soy yo”, cuando en realidad es “así me enseñaron a ser”.

Y aquí viene algo importante:
Romper una lealtad no significa romper la pertenencia.
Significa actualizar tu historia.

Cambiar no es traicionar. Cambiar es honrar lo que te formó, agradecer lo que te sirvió y permitirte elegir qué ya no encaja contigo. Después, viene el paso que realmente transforma: actuar desde tu identidad renovada, sin nostalgia, sin culpa y sin miedo.

Hazte esta pregunta con honestidad:
¿Qué versión de mí necesito soltar para convertirme en quien sí estoy llamada a ser hoy?

Con cariño,
De la Liliana 2.0 a tu Nuevo Yo 2.0

Liliana Henríquez