Monetiza tu trauma
Transforma el caos en bienestar
4/23/20262 min read
El mes pasado di una clase virtual sobre emociones a un grupo de adolescentes de un colegio en Estados Unidos. En medio de la conversación les conté algo que siempre genera sorpresa: mi emoción preferida es la tristeza.
Eso generó cierta controversia. Ellos asumían que mi favorita sería la alegría, como la de la película Intensamente. Pero les expliqué algo que he aprendido con los años: la tristeza es probablemente la emoción más útil que tenemos.
Es la emoción que nos hace bajar el ritmo agitado con el que solemos vivir. Nos obliga a detenernos, a mirar hacia adentro y a reconectarnos con lo que realmente es importante para nosotros. En mi trabajo lo veo todo el tiempo: la tristeza es la emoción que moviliza a muchos de mis pacientes y les trae algunas de las lecciones más valiosas de sus vidas.
En medio de la conversación, una de las chicas levantó la mano y me hizo otra pregunta:
—¿Y cuál sería tu segunda emoción preferida?
No tuve que pensarlo mucho.
—La ansiedad —respondí.
Con el tiempo he aprendido a convertirla en un superpoder. La ansiedad me ha permitido desarrollar una fuerte visión a largo plazo y prepararme para el futuro mientras sigo viviendo en el presente. Durante mucho tiempo fue una carga para mí, pero aprendí a usarla a mi favor.
Si lo dijera en términos actuales de redes sociales, diría que aprendí a “monetizar” mi trauma. Hoy me genera ganancia, no pérdida.
Algo parecido le ocurrió a la actriz venezolana Ana María Simón, quien este año anunció que, a sus 52 años, decidió iniciar un nuevo emprendimiento. Todo nació de algo muy personal: su obsesión por la limpieza y la organización.
Se certificó como organizadora profesional en España y ahora ayuda a otras personas a organizar sus espacios y poner cada cosa en “su santo lugar”. De hecho, así se llama su proyecto en Instagram: @tusantolugar.
Ana María también aprendió a convertir su problema en solución, su TOC en propósito de vida. Ella también monetizó su trauma.
Me siento identificada con ella porque, en el fondo, hacemos algo parecido: ambas transformamos el caos en bienestar.
Yo en el mundo emocional.
Ella en los espacios del hogar.
Hoy solo quiero dejarte esta idea: Transforma tu dolor en baile, tu defecto en virtud, tu caos en bienestar.
Sea lo que sea por lo que hayas pasado, estoy segura de que de allí han salido lecciones valiosas. Y esas lecciones pueden convertirse en algo poderoso: en la capacidad de ayudar a otros.
Me encanta lo que dice en 2 Corintios 1:4:
“Dios nos consuela en todos nuestros sufrimientos para que también nosotros podamos consolar a quienes sufren, dándoles el mismo consuelo que recibimos de él.”
La pregunta entonces es simple:
¿A quién puedes ayudar hoy gracias a las lecciones que la vida te ha enseñado?
¡Vamos, monetiza tu trauma!
Liliana Henríquez
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