¿Qué quieres SER hoy?

Aprende a vivir muchos roles sin perderte en el intento

2/26/20262 min read

portrait photo oof woman wearing gray cowboy hat
portrait photo oof woman wearing gray cowboy hat

¿Qué quieres ser hoy? Vuelve a leer la pregunta. No te pregunté por lo que quieres HACER, sino SER.
A estas alturas —después de más de 50 artículos que te he compartido en mi blog— ya debes saber que soy una persona muy orientada al logro, a las metas y a la organización. Pero hoy no quiero que hablemos de resultados tangibles ni de objetivos alcanzados, sino de los roles que decides ejercer.

Quiero que pienses en qué roles quieres ser hoy: madre/padre, pareja, profesional, estudiante, amigo(a), hijo(a)… Cada rol que ejercemos en la vida tiene características y formas de expresarse distintas.

Por ejemplo, en muchos casos ser profesional o trabajador implica madrugar, cumplir un horario, atender pacientes (en mi caso). Pero ser amiga requiere mandar un mensajito, hacer una videollamada, planear una salida. Ser mamá significa hacer loncheras, llevar al niño al colegio y sentarse a hacer la tarea.
En fin, cada rol tiene su tiempo y sus tareas definidas.

Hoy te invito a reflexionar sobre tres puntos:

1. Puedes ser todo, pero no todo al mismo tiempo

Yo me imagino nuestros roles como sombreros que nos vamos quitando y poniendo a lo largo del día y de las distintas temporadas de la vida. El arte está en saber cuándo quitarse uno para ponerse el otro. Cada rol necesita su propio tiempo y espacio para poder ejercerse bien.

Todos hemos visto el caso típico del niño tratando de contarle a su mamá cómo estuvo el colegio, mientras ella “hace que escucha” pero en realidad está resolviendo algo del trabajo en el teléfono. Al final, no está completamente en una cosa ni en la otra.
Si ese hijo tuviera que dejar una reseña del servicio como madre, probablemente le pondría una estrella. Pésimo servicio.

Y esto me lleva al siguiente punto…

2. No todos los roles se viven todos los días ni todo el día

Por eso necesitamos aprender a organizarnos. Querer tener puesto el sombrero de “trabajador”, por ejemplo, durante todo el día no es sano. Todos ejercemos más de un rol en la vida y deberíamos crear espacios para poder disfrutarlos.

Lo que da un poco de alivio —creo yo— es entender que podemos rotar entre roles. No tenemos que casarnos con uno solo.
Aunque hay algunos muy demandantes, como la maternidad, cuando existe una buena red de apoyo, la mamá también puede descansar un poco y ponerse el sombrero de amiga, de mujer o de cualquier otro que desee.

Hay roles —o sombreros— que tienen fecha de caducidad. Aceptarlo nos ayuda a disfrutarlos mientras duran.

3. No hay razón para sentir culpa por cambiar de sombrero

Aprende a normalizar la rotación de roles y no permitas que la culpa se apodere de ti. La vida se ve muy distinta para cada persona, y he sido testigo de cómo la culpa, sin darse cuenta, termina afectando toda una vida:

  • Culpa por descansar cuando “debería estar produciendo”

  • Culpa por ser amiga y no estar disponible para todos

  • Culpa por ser trabajadora y no solo mamá

Por eso te invito a practicar dos cosas: autocompasión y orden.

Sé autocompasivo(a) contigo durante la rotación de sombreros que haces a lo largo del día. No te sobre exijas, sé flexible. Y al mismo tiempo, no olvides la importancia de la organización: cuando todo tiene un orden y una secuencia, el cambio entre un rol y otro se vuelve mucho más llevadero.

Te deseo una vida plena, feliz, y que SEAS todo lo que quieras ser… organizándote para lograrlo.

Liliana Henríquez