Tu vives donde pones tu atención
Cuando tu atención se fragmenta, tu vida también
2/5/20262 min read
En estos momentos, nuestra atención es la moneda de cambio más valiosa que existe. Todas las plataformas digitales se pelean por ella. Y regalar nuestra atención, sin darnos cuenta, termina siendo un mal negocio para nosotros mismos.
Parece mentira, pero hoy necesitamos concentrarnos para poder disfrutar. Ya no podemos ver una película sin scrollear el teléfono. Nos cuesta apartar tiempo para hacer cosas que solo impliquen disfrute y no “productividad”.
Me marcó mucho algo que dijo la neurocientífica Ana Ibáñez en un podcast:
“Tú vives donde pones tu atención. Todo lo demás permanece oscuro.”
Y es completamente cierto. Si estamos pendientes del teléfono, no estamos verdaderamente presentes en la conversación con una amiga ni en la película que estamos viendo.
¿Será que somos realmente conscientes del costo emocional que pagamos por tener la atención fragmentada? Me atrevería a decir que no… o al menos, no del todo.
Porque no solo perdemos tiempo. Perdemos profundidad en las relaciones, paz mental, capacidad de disfrute y, sobre todo, perdemos regulación emocional. Vivimos con el cerebro en modo alerta constante.
Vivir con la atención dividida nos deja una sensación permanente de insatisfacción: hacemos muchas cosas, pero todo por encimita… nada profundo, nada realmente bien hecho.
Me has escuchado hablar mucho de límites y autocuidado, y hoy quiero invitarte a algo muy concreto: protege tu atención de forma madura. Ponerte límites a ti mismo también es autocuidado. Dile NO a estímulos, notificaciones y a todo aquello que te impide enfocarte plenamente en lo que estás haciendo.
Hay un versículo de la Biblia que siempre me hace pensar cuando hablo de este tema:
“Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.” (Mateo 5:29)
No tomes este texto de manera literal. Más bien, tómalo como una invitación a ser radical con lo que necesita serlo. Por ejemplo, si sabes que no puedes controlar el uso de redes sociales y allí se va toda tu atención, tal vez la decisión madura sea desinstalar las aplicaciones. No más redes para ti hasta que tengas más autocontrol.
Cada uno de nosotros conoce sus propias debilidades. Sabemos exactamente por dónde se nos está fugando la atención… y, con ella, la vida.
Enfoca tu atención en tus prioridades y calla el mundo exterior. Tú decides cómo vives tus momentos. Tú decides cómo quieres conectar con los demás.
Con toda honestidad, respóndete esto:
¿Eres tú quien decide dónde vive tu atención?
¿O lo hacen los algoritmos, el ruido y la prisa?
Puedes elegir distinto.
¿Qué eliges hoy?
Liliana Henríquez
CONTACTO:
info@lilianahenriquez.com
info.lilianahenriquez@gmail.com
