82 - Por fe andamos

caminando a ciegas pero confiados

9/3/20263 min read

silhouette of person walking under white clouds
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En estos días estaba pensando: ¿cómo le explicaría qué es la fe en Dios a un niño de 5 años? Toca buscar otras analogías porque, por ejemplo, los niños de hoy en día no saben lo que es tener que ver un programa de televisión con propagandas obligadas, sin botón de “omitir” ni posibilidad de suscripción sin anuncios. Nosotros, los millennials (y generaciones anteriores), teníamos que tener fe en que, cuando terminaran las propagandas, iba a continuar la novela o la película que estábamos viendo. Y nuestra fe era tan sólida que nos íbamos a hacer otras cosas —ir al baño o buscar comida— mientras pasaban las propagandas. ¡Incluso podíamos calcular cuánto iban a durar y regresar justo cuando comenzaba el episodio!

¿Por qué no dudábamos de que la novela iba a continuar? Teníamos fe absoluta en la televisión. No necesitábamos estar mirando la pantalla todo el tiempo para confiar en que la historia seguía allí. Sabíamos que, después de unos minutos, podíamos volver y encontrar el programa exactamente donde esperábamos.

A un niño de hoy se me ocurre que podríamos explicarle la fe como el wifi. Nadie duda de su existencia, aunque no podamos verlo, y confiamos plenamente en que gracias al internet tenemos entretenimiento, estudios y trabajo. ¡Cuánta fe le tenemos al internet! Creemos en él a ciegas y le confiamos prácticamente toda nuestra vida.

Eso mismo deberíamos hacer con Dios. Él está, aunque no podamos verlo. Está allí sosteniendo nuestra vida, incluso cuando no entendemos lo que está pasando. ¿Qué te parece si le transferimos un poquito de esa fe que le tenemos al internet a Dios? Creo que la necesitamos mucho en estos momentos de tanta ambigüedad e inestabilidad.

Andar en la vida con certezas es una rareza. No se ve muy seguido. La verdad es que, la gran mayoría de las veces, damos pasos de fe. Y creo que Dios lo ha permitido así para que aprendamos a depender más de Él y no creernos la mentira de la súper independencia. Somos seres interdependientes; nos necesitamos unos a otros y necesitamos a Dios, porque ya hemos comprobado que nuestras capacidades son limitadas y que muchas veces necesitamos ayuda.

Andar por fe nos mantiene dependientes y humildes. Nos regula el ego y nos recuerda que somos un puntico en el universo. También nos ayuda a reconocer que no tenemos que saberlo todo, controlarlo todo ni tener todas las respuestas para poder seguir avanzando.

¿Y qué es lo chévere de andar por fe? En mi opinión, lo chévere es que cada día es una sorpresa que nos invita a disfrutar el presente. ¿Te acuerdas cuando veías la novela en la televisión y le ponías toda tu atención porque no había manera de volver ese capítulo? Bueno, ese es un poco el efecto que trae vivir un día a la vez. Ningún día se repite. Algunos son capítulos chéveres que nos hacen reír y otros son muy tristes, que nos hacen llorar. Pero todos forman parte de una misma historia: una historia que Dios conoce, acompaña y sostiene.

Quizás de eso se trata, en parte, andar por fe: seguir caminando aunque no podamos ver todo el camino. Confiar aunque no tengamos todas las respuestas. Dar el siguiente paso aunque todavía no sepamos cómo termina el capítulo.

Te animo a vivir y disfrutar —dentro de lo posible— este caminar por fe, confiando en que vamos de la mano de Aquel que hizo el universo. No sabemos qué traerá el próximo capítulo, pero podemos confiar en quién sostiene la historia.

Un paso a la vez… andando por fe, no por vista. (2 Corintios 5:7)

Liliana Henríquez

CONTACTO:

info.lilianahenriquez@gmail.com

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