Sonrío, pero no estoy bien

La razón por la que sigues sonriendo aunque estés mal

5/28/20262 min read

woman in black and white long sleeve shirt smiling
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Voy directo al punto y sin rodeos: aparentar estar siempre bien nos está pasando factura.

El problema no es sonreír sin ganas, sino comprarnos la mentira de que todo está bien cuando la verdad es que no es así.

Obviamente no vamos a estar comentando nuestros problemas con todo el mundo, pero al menos deberíamos hablarlos con nosotros mismos. Porque a veces podemos llegar al punto de fingir tanto positivismo, que terminamos creyendo que esa es la realidad.

Vivir abrumados, con tantas cosas, tantas decisiones que tomar y tanto que hacer… hace que nos desconectemos de nosotros mismos y prefiramos ponernos la máscara del “estoy bien” y ya.
Al final, requiere menos energía fingir que procesar la angustia. Y el cerebro siempre nos va a llevar a elegir lo cómodo, aunque no sea lo más sano.

El cerebro dice: “explicar y procesar todo lo que me pasa me va a llevar horas de esfuerzo… mejor tomemos el camino fácil y digamos (o digámonos) que todo está bien”. Finjamos demencia. (insertemos emoji de carita al revés aquí)

Eso es barrer la casa y esconder el sucio debajo de la alfombra para que “no se vea”.

Ponemos la angustia, la ansiedad, los miedos… todo debajo de la alfombra. Porque supuestamente, ojos que no ven, corazón que no siente.
Quizás en otros contextos esa frase funcione, pero en lo emocional, te garantizo que no.

Si te está pasando esto, de fingir estar bien sin estarlo, probablemente no tienes un espacio seguro donde puedas ser vulnerable y sentirte sostenido emocionalmente.

¿Dónde está tu red de apoyo?
¿Hay al menos una persona a la que puedas contarle lo que te pasa, que te escuche sin juzgarte y te ayude a sostener lo que sientes?

Si la respuesta es no, estamos mal.

Situaciones difíciles tenemos todos. Pero no todos tienen una red de apoyo lo suficientemente sólida que los sostenga en esos momentos. Y la tarea aquí no es quejarse, es ser proactivo y empezar a construirla.

Yo me alegro de ser parte de la red de apoyo de algunas personas, no solo como psicóloga, sino como amiga. No soy la amiga más pendiente del mundo (soy amiga cactus, no bonsái), pero ellos saben que estoy aquí para sostenerlos emocionalmente cuando lo necesiten.

Y viceversa, yo también me siento sostenida por mis amigos. Son pocos, pero valen un millón.

Te deseo una red de apoyo sólida. Una que te sostenga cuando necesites descansar, desahogarte o resolver lo que te pesa.

Hoy en día, el mayor tesoro no es el dinero, son las relaciones personales.

Sonríe… pero cuando no tengas ganas, no te fuerces. Sé coherente contigo.

Liliana Henríquez

CONTACTO:

info@lilianahenriquez.com

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Servicios: Atención psicológica virtual