77 - Cómo calmar emociones agitadas
Pasando por la tormenta emocional
7/30/20262 min read
La semana pasada compartí una clase con un grupo de mujeres sobre qué hacer cuando los vientos de la vida soplan y se nos agitan las emociones. Hoy quiero resumirte algunas de las herramientas que podemos usar en esos momentos.
Pero antes, permíteme asombrarme de la regulación emocional que demostró Jesús en medio de ese episodio en la barca que se menciona en Marcos 4. ¡Wow! Estaba Él con sus discípulos, había una tormenta horrorosa que asustó a todos y, mientras Jesús dormía, los discípulos gritaban de miedo. Sin embargo, Jesús, siendo Jesús, se levantó y les dijo algo así como: "¿Y a ustedes qué les pasa?". Se dirigió a ellos de lo más tranquilo.
Como psicóloga, no puedo dejar de asombrarme porque he visto una y otra vez que, cuando todo es caos, la persona que conserva la calma suele marcar el rumbo. Y ese fue Jesús.
Para hacerte el cuento corto, Jesús regañó al viento para que dejara de "jugar" y así se calmó la tempestad. Y listo. Todo tranquilo. Llegaron a la otra orilla.
Ojalá las tempestades de la vida se calmaran con un regaño. Lo que sí sé es que un sistema nervioso agitado puede calmarse con una intervención apropiada. Doy fe de eso y es precisamente lo que te quiero compartir hoy.
Cuando pases por emociones que te agitan, como el miedo y la ansiedad, haz lo siguiente:
1. Sé consciente del lugar donde estás.
Jesús y los discípulos estaban en el mar y es natural que en el mar haya mareas altas y bajas, así como en la vida. No deberíamos esperar una vida sin mareas. Si nos enojamos cada vez que atravesamos alguna adversidad, no estamos siendo conscientes de que en este mundo pasan cosas y no todo es color de rosa. No actuemos como si fuera una sorpresa.
2. Sé consciente de Quién está contigo.
No estás solo. En tu barca está Jesús, el Príncipe de Paz. Nosotros somos el barco y Él habita en nosotros. Por lo tanto, no hay nada que temer.
3. Identifica los vientos que agitan tu barco.
No es lo que nos pasa, sino lo que pensamos sobre lo que nos pasa, lo que termina agitándonos más, como el viento.
Reprende el viento. Calma tus pensamientos.
"Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo gran bonanza." Marcos 4:39.
4. Respira.
Cuando Jesús estaba durmiendo, estaba tranquilo. Tenía un sistema nervioso regulado a pesar de la tormenta. Debemos aprender a respirar profundo, con esa misma respiración pausada que tenemos cuando dormimos. Si mantenemos la calma, seremos capaces de tomar decisiones más sabias y menos impulsivas.
Son pasos sencillos, pero sé que no son fáciles de implementar en medio de la tormenta. Por eso te recomiendo que los ensayes antes. Practica tu respiración profunda, sé consciente del lugar y la etapa en la que estás, no olvides que Dios está contigo y cuida tus pensamientos, porque muchas veces ahí nacen la ansiedad y los miedos.
No necesitas estar pasando por una tempestad para practicar todo esto.
De todas formas, no olvides que ningún buen marinero se formó en aguas tranquilas. Tu carácter se va a formar en alta mar. Acéptalo y aprende todo lo necesario.
Liliana Henríquez
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