84 - Anímate a reconstruir

Cuando la vida te obliga a empezar de nuevo

9/17/20262 min read

Hace cinco días, el 12 de septiembre, estaba leyendo Proverbios 12 y me llamó la atención esto:

“Las preocupaciones no dejan a la gente ser feliz, pero las palabras de aliento le traen alegría.”
Proverbios 12:25 PDT

Y confirmé algo que desde la psicología sabemos: cuando vivimos bajo mucho estrés, nuestro cuerpo y nuestra mente permanecen en un estado de alerta que puede dificultarnos la creatividad, la alegría y hasta la capacidad de pensar con claridad.

Por eso, cuando vivimos situaciones que nos angustian, se nos dificulta tanto tener nuevas (y buenas) ideas. Solemos verlo todo gris y eso termina convirtiéndose en un círculo vicioso: las circunstancias externas nos estresan, eso nos lleva a vivir preocupados y ansiosos, lo cual nos impide pensar con claridad para tomar mejores decisiones que nos ayuden a salir de ese estado.

Y así se repite una y otra vez.

Queremos salir de ese bucle, pero no salimos porque seguimos alimentándolo con más preocupaciones, más estrés y más malos hábitos: no hacer ejercicio, comer mal, no descansar.

Definitivamente, es un ciclo que nos impide levantarnos y seguir adelante.

Recientemente estuve en Venezuela, visitando y compartiendo con la iglesia en San Cristóbal y Barquisimeto, y pude ver de primera mano cómo muchas personas han tomado la decisión de romper ese ciclo. A pesar de la situación difícil del país, han decidido agarrarse de Dios y de la esperanza de un futuro mejor.

Pude ver lo trabajadores y recursivos que son. Son capaces de hacer mucho con poco. Han aprendido a estar contentos, sea cual sea la situación.

Y ellos no son los únicos. Tú y yo también entramos en ese grupo de personas que están decididas a reconstruir, a reinventarse todas las veces que sean necesarias.

Como te dije al principio, sé que las preocupaciones son capaces de impedir nuestra felicidad, pero también sé que las palabras de aliento pueden darnos ánimo para reconstruir, aunque tengamos la vida —o un área de nuestra vida— en ruinas.

Así que hoy solo quiero animarte a reconstruir. ¡Vamos! ¡Ten fe!

Y si los daños han sido muy grandes, no dudes en pedir ayuda. No tienes que reconstruirlo todo tú solo. A veces necesitamos que alguien nos acompañe, nos anime y nos ayude a ver posibilidades que, cuando estamos en medio de las ruinas, no somos capaces de ver.

Porque dos son mejores que uno…

Liliana Henríquez

PD: Te recomiendo revisar estos artículos anteriores: Atribulados pero no destruidos y Por fe andamos

CONTACTO:

info.lilianahenriquez@gmail.com

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